Galicia quiere que sus olivos autóctonos echen raíces: once variedades para abrir un nuevo sector productivo
Galicia mira al olivo no solo como una huella de su pasado agrícola, sino como una posible oportunidad de futuro. Once variedades autóctonas protagonizan un proyecto que busca resolver una cuestión fundamental para que pueda crecer un nuevo sector: cómo producir plantas a gran escala, llevarlas al campo y disponer de material vegetal identificado y reproducible para nuevas plantaciones.
Brava Gallega, Brétema, Carapucho, Carmeliña, Folgueira, Hedreira, Mansa Gallega, Maruxiña, Susiña, Xoana y Santiagueira son los once nombres propios de esta iniciativa, desarrollada por un Grupo Operativo para la multiplicación a gran escala de olivos autóctonos. El proyecto 2023-2026 cuenta con un presupuesto y una ayuda pública de 179.652,68 euros, dentro de las ayudas a proyectos innovadores de los Grupos Operativos de la Asociación Europea de Innovación, cofinanciadas por el Feader en el marco del PEPAC 2023-2027.
De los olivos centenarios al laboratorio
El trabajo no parte de cero. Desde 2012 se desarrolla una labor de recuperación de biodiversidad que permitió localizar más de 160 ejemplares de olivos centenarios. A ello se sumaron el trabajo experimental, el registro de variedades y la creación de un banco de germoplasma vivo en la MBG-CSIC.
El siguiente desafío era decisivo: conseguir multiplicar ese patrimonio vegetal con garantías y en cantidad suficiente.
Durante las primeras fases del proyecto se optimizaron paralelamente dos procedimientos para las once variedades: la reproducción mediante estaca clásica y la micropropagación in vitro.
Y los resultados muestran diferencias importantes entre variedades.
Mediante estaca clásica, Carapucho, Susiña y Brétema consiguieron tasas altas de enraizamiento en verano-otoño, de entre el 86% y el 100%. Folgueira, Hedreira, Mansa Gallega, Brava Gallega, Carmeliña y Maruxiña se situaron en valores medios, de entre el 45% y el 68%, mientras Santiagueira y Xoana quedaron por debajo del 10%.
El laboratorio acelera la multiplicación
La micropropagación ofrece otra vía para obtener nuevas plantas. En ciclos de entre 30 y 40 días, Carapucho, Susiña, Mansa Gallega, Brava Gallega y Santiagueira alcanzaron una tasa de 2,5 brotes por explanto, mientras Folgueira, Carmeliña, Hedreira, Maruxiña, Brétema y Xoana llegaron a dos.
Un dato resulta especialmente significativo: una vez trasladadas al invernadero, todas las variedades registraron una supervivencia de entre el 90% y el 100%.
No se trata únicamente de obtener plantas en condiciones controladas. Tras conseguir los primeros ejemplares y completar su aclimatación en invernadero, el proyecto dio el salto al terreno para comprobar su comportamiento en condiciones reales.
Pontevedra y Lugo, dos campos de pruebas
Para esa fase se establecieron parcelas experimentales en el litoral de Pontevedra y A Pobra do Brollón, en Lugo, dos territorios con condiciones edafoclimáticas muy diferentes.
La elección permitirá observar cómo responden estas variedades en distintos escenarios gallegos y generar conocimiento que pueda resultar útil para futuras plantaciones productivas. Paralelamente, está prevista la transferencia a los viveros de un protocolo técnico para multiplicar las variedades estudiadas.
Ese paso puede resultar particularmente relevante desde el punto de vista empresarial. Recuperar variedades antiguas tiene valor patrimonial; ser capaces de multiplicarlas de forma eficaz y trasladar el conocimiento al sector viverista abre la puerta a convertir ese patrimonio en actividad productiva.
Cinco variedades ya han llegado al registro comercial
Otro de los avances está relacionado con el reconocimiento oficial del material vegetal.
El proyecto inició el procedimiento para registrar las once variedades autóctonas en la Lista de Variedades Comerciales, aportando análisis de ADN y descripción botánica conforme a los correspondientes ensayos DUE.
Cinco ya han dado ese paso: Carapucho, Carmeliña y Maruxiña, inscritas en diciembre de 2024, y Mansa Gallega y Brétema, incorporadas en diciembre de 2025. Brava Gallega y Mansa Gallega figuraban previamente en la Lista de Conservación desde 2017.
El siguiente horizonte: un aceite con identidad gallega
Pero el proyecto deja abierta una perspectiva todavía más ambiciosa.
A partir de 2027, el horizonte planteado pasa por consolidar la información sobre el comportamiento agronómico de las once variedades en diferentes zonas de Galicia y profundizar en el estudio de sus aceites con vistas a una posible DOP propia de Galicia.
Es ahí donde la investigación sobre los olivos autóctonos adquiere una dimensión que trasciende la conservación de la biodiversidad.
Galicia dispone de variedades propias, ejemplares centenarios recuperados, material genético conservado, técnicas de propagación ensayadas y parcelas donde comprobar su respuesta. El reto será determinar hasta dónde puede transformarse todo ese conocimiento en plantaciones, viveros, producción de aceite y nuevas oportunidades económicas en el rural.
Los once nombres con los que comenzó el proyecto —Brava Gallega, Brétema, Carapucho, Carmeliña, Folgueira, Hedreira, Mansa Gallega, Maruxiña, Susiña, Xoana y Santiagueira— podrían terminar siendo algo más que variedades recuperadas.
Podrían convertirse en las raíces de una nueva olivicultura gallega.