Santiago de Covelo, la iglesia donde tres escudos cuentan siglos de poder

La iglesia de Santiago de Covelo conserva en su fachada una de las huellas heráldicas de los Ozores, familia vinculada durante siglos al derecho de presentación de la parroquia.
La única parroquia de la antigua jurisdicción de Covelo que conserva tres escudos de los Ozores permite reconstruir, piedra a piedra, una historia en la que se entrelazan poder señorial, autoridad eclesiástica, conflictos vecinales y un notable patrimonio artístico.

Hay iglesias en las que el pasado puede leerse en los retablos. En Santiago de Covelo también se puede leer en los escudos.

Tres veces aparece en este templo la heráldica de los Ozores, una presencia excepcional si se compara con las demás parroquias que formaron parte de la antigua jurisdicción de Covelo. En algunas, como Maceira o Paraños, también quedaron señales de esta familia, pero ninguna conserva tres escudos como Santiago de Covelo.

No son únicamente elementos ornamentales. Son vestigios de una época en la que autoridad eclesiástica, poder señorial y organización territorial estaban estrechamente relacionados.

Interior de la iglesia de Santiago de Covelo, un templo en el que arquitectura, devoción y heráldica permiten recorrer siglos de historia parroquial.

La historia documentada de la parroquia se remonta, al menos, al siglo XIII, cuando Santiago de Covelo aparece mencionada en el conocido texto de los Milagres de San Pedro Telmo. Pero para comprender lo que significan esos escudos hay que adentrarse en la organización de un territorio que durante siglos tuvo aquí uno de sus centros de poder.

Siete parroquias bajo una misma jurisdicción

La antigua jurisdicción de Covelo comprendía Paraños, Santa Mariña do Covelo, Maceira, O Piñeiro, A Lamosa, Prado da Canda y Santiago de Covelo.

Los Ozores de Theanes estaban vinculados a la Casa de Theanes y a la propia jurisdicción y eran los presentadores de Santiago de Covelo. El llamado derecho de presentación les permitía intervenir en la provisión del beneficio parroquial, dentro de un sistema en el que los derechos religiosos se encontraban estrechamente ligados al poder social y señorial.

Y la familia dejó su firma en piedra.

Uno de sus escudos se encuentra en la fachada principal, sobre la puerta de entrada y bajo el óculo moldurado. Otro aparece en el exterior de la cabecera, labrado en la piedra y asociado a la Cruz de Santiago. Un tercero completa una concentración heráldica que singulariza esta iglesia dentro del antiguo territorio jurisdiccional.

El motivo vuelve a repetirse: un león rampante atravesado por una espada desnuda.

Uno de los escudos de los Ozores permanece labrado en la cabecera del templo, testimonio en piedra del poder que esta familia ejerció en la antigua jurisdicción de Covelo.

Hoy pueden contemplarse como parte del patrimonio del templo. En aquella sociedad, sin embargo, los escudos hablaban. Identificaban familias, proclamaban derechos, señalaban posiciones sociales y hacían visible quién ejercía el poder.

En Santiago de Covelo, los Ozores dejaron esa firma tres veces.

A Lamosa, la parroquia que discutió aquel poder

Para entender hasta dónde alcanzaba la autoridad que se escondía detrás de esos símbolos hay que mirar hacia A Lamosa.

La actual parroquia, junto con su barrio de Corzós, estuvo unida a Santiago de Covelo. La distancia entre los núcleos y, especialmente, la dificultad de los caminos hicieron que sus vecinos reclamasen durante décadas disponer de un centro parroquial propio.

En 1644, el obispo Martínez Zarzosa determinó que en la ermita de San Bartolomeu da Lamosa pudiesen celebrarse los actos de culto más significativos.

Los Ozores de Theanes, como presentadores de Santiago de Covelo, se opusieron.

El conflicto terminó inicialmente en un acuerdo: los vecinos de A Lamosa podrían celebrar misa dominical, recibir determinados sacramentos y realizar enterramientos, pero no dispondrían de pila bautismal.

No era una cuestión menor. La ausencia de pila bautismal permitía dejar claro que A Lamosa continuaba siendo una capilla dependiente de Santiago de Covelo y no una parroquia independiente.

La disputa sobrevivió a varias generaciones.

En 1780, durante la visita pastoral de Fernández Angulo, los vecinos volvieron a plantear las grandes distancias y las dificultades de los caminos. El obispo pudo comprobar personalmente la situación y decidió conceder la pila bautismal y permitir la apertura del correspondiente libro de bautismos.

Cuatro años después, la decisión fue aceptada por Sarmiento de los Cavas, conde de Ribadavia y Amarante, señor de la Casa de Theanes y de la jurisdicción de Covelo.

A Lamosa avanzaba así hacia su independencia y, al mismo tiempo, aquel conflicto dejaba constancia del papel que Santiago de Covelo había desempeñado durante siglos como centro desde el que se ejercía la autoridad parroquial.

Los escudos sobrevivieron a los señores

La presencia de los Ozores no se limitaba a Santiago. La familia ejercía el derecho de presentación en varias parroquias de la diócesis de Tui y todavía hoy pueden encontrarse sus escudos en algunos de aquellos templos.

Pero en Santiago de Covelo la huella es especialmente intensa.

Todavía en 1884, la presentación de la parroquia correspondía al conde de Ribadavia. Con el tiempo desaparecerían aquel sistema, las antiguas jurisdicciones y buena parte de las estructuras señoriales que durante siglos habían organizado el territorio.

Los escudos permanecieron.

Y precisamente por eso constituyen hoy documentos de piedra capaces de contar una historia que ya no resulta visible de otra manera.

Una iglesia que también fue cambiando

El propio templo conserva las señales de las distintas transformaciones experimentadas a lo largo del tiempo.

La iglesia presenta planta de cruz latina y una fachada occidental de composición sencilla. La puerta de arco de medio punto ocupa el centro y sobre ella aparece uno de los escudos de los antiguos presentadores. Más arriba se encuentran el óculo moldurado y una espadaña de un solo cuerpo con dos huecos de medio punto, rematada por frontón triangular, pináculos y cruz pétrea.

Imagen de Santiago Matamoros conservada en el templo, una representación tradicional del Apóstol que refuerza la identidad jacobea de la parroquia.

En el interior destacan los arcos apuntados de la nave y, especialmente, la capilla sur, donde se conserva una cuidada bóveda de crucería realizada en piedra. Sus nervios parten de ménsulas angulares y confluyen en una gran clave central en forma de flor. En una de las claves menores aparece además la Cruz de Alcántara.

La arquitectura termina así contando algo parecido a la heráldica: detrás de un pequeño templo parroquial se esconde una historia mucho más compleja de lo que aparentan sus muros.

Los tesoros de Santiago que se conservan fuera de Covelo

No todo el patrimonio artístico de Santiago de Covelo permanece actualmente en la iglesia.

Una parte de sus bienes litúrgicos se encuentra depositada en el Museo Diocesano, donde se conservan diferentes piezas de orfebrería procedentes de la parroquia.

Entre ellas figura una custodia de plata dorada realizada por Francisco Castro, platero que trabajaba en Vigo y del que se conocen obras datadas alrededor de 1730.

También se conserva un cáliz con la marca de Simón Antonio Pérez de la Rocha, platero vecino de Tui con una amplia producción destinada a la diócesis. Otro cáliz y una custodia llevan el punzón de Francisco Borrajo de Castro, activo desde las primeras décadas del siglo XVIII, mientras otro cáliz aparece marcado por Bernardo Antonio de la Vega Giráldez.

A estas piezas se suman un juego de incensario y naveta y una destacada cruz parroquial decorada con ángeles, Evangelistas, Padres de la Iglesia latina y diferentes santos. En su reverso aparece Santiago Matamoros.

Dos cruces de estandarte, ambas de 1751, y una imagen de la Virgen de la Expectación del siglo XVIII completan este patrimonio conservado fuera del templo.

El Cristo dos Aflixidos, una catequesis tallada en granito

Ante la iglesia, otra pieza obliga a detenerse.

Es el cruceiro del Cristo dos Aflixidos, datado en 1899, atribuido al Mestre Cerviño y restaurado en 2007.

El monumento constituye prácticamente una catequesis esculpida en granito. En la cruz aparece Cristo muerto mientras un ángel recoge su sangre en un cáliz; en el reverso se representa la Asunción de la Virgen.

El fuste incorpora a la Inmaculada y, más abajo, la expulsión de Adán y Eva del Paraíso. También aparecen Santiago Peregrino y El Salvador.

Pero la iconografía va todavía más allá de lo estrictamente religioso. La base contiene representaciones de la Industria, la Agricultura, las Artes y la Justicia.

Fe, sociedad y trabajo quedaron así reunidos en un mismo monumento.

Una curiosidad: gobernar sin quitarse el sombrero

La antigua jurisdicción de Covelo dejó incluso un privilegio que hoy resulta sorprendente.

Sus procuradores podían celebrar las sesiones sin descubrirse la cabeza. La costumbre llegó a ser confirmada por la Audiencia de Galicia, que estableció que todos permaneciesen cubiertos, excepto el presidente, el secretario y el escribano.

Puede parecer una anécdota, pero refleja perfectamente una sociedad en la que las jerarquías, los privilegios y su representación pública tenían un significado preciso.

Tres escudos para recordar quién tuvo el poder

La antigua jurisdicción de Covelo ya no existe. Los Ozores dejaron de presentar parroquias. A Lamosa dejó de depender de Santiago de Covelo y las estructuras señoriales que durante siglos organizaron este territorio pertenecen al pasado.

Pero algunas señales sobrevivieron.

Paraños, Santa Mariña do Covelo, Maceira, O Piñeiro, A Lamosa, Prado da Canda y Santiago de Covelo estuvieron integradas en un mismo espacio jurisdiccional. En algunas de esas parroquias permanecen escudos de los Ozores.

En Santiago de Covelo quedaron tres.

Y ahí reside buena parte de la singularidad de esta iglesia. No es únicamente un lugar de culto ni un edificio con interés artístico. Es también un documento histórico levantado en piedra.

Los tres escudos cuentan quién tuvo el poder. La historia de A Lamosa explica cómo ese poder fue discutido. Las piezas conservadas en el Museo Diocesano hablan de la riqueza artística y religiosa de la parroquia. El Cristo dos Aflixidos mantiene viva la expresión de la devoción popular. Y el antiguo privilegio de los procuradores recuerda una jurisdicción y una forma de organizar la sociedad que desaparecieron hace mucho tiempo.

La iglesia de Santiago de Covelo sobrevivió a sus señores.

Los tres escudos continúan allí para recordar que, durante siglos, la historia de una parroquia fue también la historia del poder que se ejercía sobre ella.