Viveiro brilla en su Viernes Santo: sol, tradición y emoción en una jornada para la historia

El Sermón de las siete palabras fue un acto extraordinario con motivo del 75º aniversario fundacional. De forma excepcional, y en línea con sus orígenes, la celebración regresó a la Plaza Mayor.
La luz acompañó una de las jornadas más intensas de la Semana Santa viveirense, con una Plaza Mayor abarrotada, actos históricos por el 75 aniversario y procesiones cargadas de solemnidad.

Viveiro vivió un Viernes Santo marcado por una espléndida luz solar que acompañó, de principio a fin, una de las jornadas más significativas de su Semana Santa. La ciudad combinó tradición, historia y emoción en un día en el que la Plaza Mayor volvió a convertirse en epicentro de la celebración.

La mañana arrancó con El Encuentro, que regresó a su ubicación original en la Plaza Mayor, recuperando así su esencia fundacional. Organizado por la orden franciscana, el acto contó con la predicación de Antonio Rodríguez Basanta, sacerdote de la Unidad Pastoral de San Julián de Ferrol. Bajo un sol suave y ante una plaza completamente llena, el diálogo escenificado por las imágenes articuladas —Jesús con la Cruz a Cuestas (siglo XVI), san Juan, la Verónica (Juan Sarmiento, 1775) y la Dolorosa (1741)— ofreció una intensa invitación a la contemplación de la Pasión.

A media mañana, el mismo escenario acogió un acto extraordinario con motivo del 75º aniversario fundacional. De forma excepcional, y en línea con sus orígenes, la celebración regresó también a la Plaza Mayor. El obispo de Mondoñedo-Ferrol, Fernando García Cadiñanos, presidió la predicación, mientras que el actor Miguel Pernas Cara puso voz a la locución del acto. La Banda Municipal de Música ‘O Landro’ de Viveiro aportó la solemnidad musical, estrenando la obra ‘Septem Verba Vivarium’, compuesta por David Rivas Domínguez.

La tarde comenzó con el Desenclavo en el atrio de Santa María, uno de los momentos más sobrecogedores del día. Organizado por la Cofradía del Santísimo Rosario y predicado por el sacerdote viveirense Francisco Javier Martínez Prieto, el acto volvió a emocionar con la escenificación del descendimiento, protagonizada por las imágenes de la Dolorosa y san Juan, junto a una talla del siglo XVIII.

 

El Santo Entierro, procesión central de la jornada, recorrió las calles con la solemnidad que la caracteriza. Organizada también por la Cofradía del Santísimo Rosario, contó con pasos destacados como la Magdalena (José Tena, 1908), San Juan (1909) y el Santísimo Cristo Yacente (1908), custodiado por ángeles portadores de los atributos de la Pasión y escoltado por una guardia romana. Cerró el cortejo la Virgen de la Soledad (José Rivas, siglo XX).

Ya por la noche, a las 22:00 horas, partió desde la iglesia de San Francisco la procesión de la Pasión, en la que participaron las hermandades del Prendimiento, de las Siete Palabras y de Mujeres de la Santa Cruz. Entre los pasos destacaron El Prendimiento (José Rivas, 1947), El Calvario —con diversas intervenciones artísticas a lo largo del siglo XX— y el Santísimo Cristo de la Piedad (1945), acompañados por la Banda Romana de Tambores, que previamente había animado las calles con un pasacalles.

La jornada concluyó a medianoche con el Sermón de la Soledad en la iglesia de San Francisco, seguido de la procesión de la Soledad, conocida popularmente como ‘Dos caladiños’, en la que el silencio vuelve a convertirse en el gran protagonista.

Así, Viveiro firmó un Viernes Santo de gran brillantez, en el que la luz del día se unió a la intensidad espiritual de sus actos, reforzando el carácter único de una de las Semanas Santas más destacadas de Galicia.