Marea de Fe y Tradición en Moraña: Los Milagros de Amil vuelven a congregar a miles de devotos
Como cada año, la fe popular gallega tuvo ayer su gran encuentro en el Santuario de la Virxe dos Milagres de Amil, en Moraña. Miles de personas, llegadas a pie desde todos los puntos de la comarca y más allá, se congregaron para celebrar el Día Grande de la Romería, manteniendo viva una tradición que se remonta al siglo XVIII.
Desde la madrugada, los caminos de peregrinación que llevan a Amil se convirtieron en un río incesante de devotos. Muchos de ellos han recorrido kilómetros durante días para cumplir las promesas realizadas a la Virgen, solicitando salud o agradeciendo los favores recibidos. El ambiente, a pesar del sacrificio del viaje, fue de profunda emoción y recogimiento.
La Procesión de los Ataúdes: El Momento Más Impactante
El punto culminante de la mañana se vivió con la Procesión de los Milagros, uno de los actos más singulares y sobrecogedores de las romerías marianas gallegas. El protagonismo lo acaparó la emotiva procesión de los ataúdes, donde los "ofrecidos" —personas que superaron graves enfermedades o peligros— son portados en féretros (a menudo con la tapa abierta y ellas dentro) por familiares y amigos.
Este ritual, símbolo de haber vencido a la muerte gracias a la intercesión de la Virgen, se desarrolló en medio de un silencio respetuoso, solo roto por el rezo y el paso de la comitiva. Las ofrendas, que incluyen velas del tamaño del cuerpo de la persona o billetes prendidos en el manto de la imagen, evidenciaron el fervor inquebrantable de los asistentes.
Celebración y Tradición Popular
Tras los actos litúrgicos centrales, incluyendo la Misa Solemne de las 13:00 horas, la jornada se abrió a la celebración más festiva. Los montes colindantes al Santuario se llenaron de vida con las comidas campestres, donde la gastronomía gallega, con pulpo, churrasco y empanadas, fue la gran protagonista.
El evento no solo representa una cita de fe, sino también un motor de la vida social de la zona, con la música tradicional y las populares verbenas que se prolongaron hasta la noche, poniendo el contrapunto lúdico a la devoción.
La Romería de Amil, un año más, ha demostrado ser un punto de encuentro esencial para el catolicismo gallego, fusionando de manera única el sacrificio de la peregrinación con el profundo arraigo de sus costumbres.