León XIV pide a los jóvenes ser "la chispa de una humanidad nueva"
La Plaza de Lima vivió este sábado el momento más emotivo de la primera jornada del Viaje del Papa a España. León XIV llegó al encuentro a bordo del papamóvil, escoltado simbólicamente por un grupo de niños vestidos como guardias suizos, y fue recibido por una multitud de más de medio millón de jóvenes que abarrotaban los alrededores del estadio Santiago Bernabéu para participar en la gran Vigilia de Oración.
Tras la bienvenida del cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, el Pontífice mantuvo durante casi media hora un diálogo directo con los jóvenes, respondiendo a preguntas sobre la fe, la identidad cristiana, la vocación y los retos de la sociedad actual. El encuentro, que combinó música, testimonios y oración, culminó con una multitudinaria adoración eucarística que transformó el bullicio de la capital en un profundo silencio.
"De Madrid al cielo"
"Esta es la juventud del Papa", proclamó el cardenal Cobo al inicio del acto, recogiendo el entusiasmo de los asistentes. El arzobispo describió a una generación llena de vitalidad, pero también marcada por la precariedad, la soledad y la incertidumbre. "Alzar la mirada para no quedar encerrados en lo inmediato ni en la desesperanza", pidió, antes de agradecer al Pontífice su presencia en Madrid.
"Santo Padre, gracias por venir a ayudarnos a levantar la mirada. Gracias por confirmarnos en la fe, alentarnos en la misión y recordarnos que el Espíritu sigue actuando. Hoy podremos decir juntos: con Cristo, con usted, con la Iglesia, de Madrid al cielo", afirmó.
Los santos que inspiraron al Papa
Durante el primer bloque de preguntas, León XIV compartió algunos de los referentes espirituales que marcaron su juventud. Además de San Agustín, destacó a San Juan Crisóstomo por sus catequesis sobre la verdad y la rectitud de vida, así como a dos figuras españolas: Santo Tomás de Villanueva, cuya caridad le sostuvo en momentos de dificultad, y Santo Toribio de Mogrovejo, ejemplo de entrega a los más pobres.
A partir de esos testimonios, lanzó una invitación clara a los jóvenes: "No tengáis miedo jamás de pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios en la Iglesia".
También evocó sus años de misión en Perú, donde descubrió "el testimonio de fe de la gente, marcada por muchas dificultades, pero llena de esperanza". Aquella experiencia, aseguró, fortaleció su seguimiento de Cristo al comprobar cómo el Evangelio se convierte en fuente de reconciliación, justicia y paz.
"Dios conoce bien vuestra voz"
Las siguientes preguntas abordaron el discernimiento vocacional y la búsqueda de Dios en medio del ruido del mundo actual. León XIV respondió ofreciendo tres claves: silencio, confianza y humildad.
"Para conocer la voz de Dios puede ayudarnos, ante todo, el silencio", explicó. En una sociedad dominada por múltiples estímulos, recordó que "las ideologías pasan, mientras la verdad permanece" e invitó a los jóvenes a buscar la verdad porque "Dios es Verdad".
El Papa también animó a confiar plenamente en el Señor: "Tened la certeza de que Dios conoce bien vuestra voz: Él os escucha y os responderá". Finalmente, destacó la importancia de la humildad, recordando que "ante el Señor, somos siempre discípulos".
"Si rezáis con amor, los jóvenes apreciarán la importancia de la oración. Si ardéis en la fe, transmitiréis su fuego vivo", añadió, invitando a todos a mantener vivo el amor de Dios en sus corazones.
"¡Somos libres en Cristo!"
El último bloque se centró en el compromiso cristiano en la sociedad y la misión de los jóvenes en el mundo contemporáneo. León XIV lanzó un mensaje de esperanza y responsabilidad.
"Los discípulos de Jesús son siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa. ¡Somos libres en Cristo!", proclamó entre los aplausos de los asistentes.
Dirigiéndose también a los jóvenes matrimonios y novios, les pidió que no tengan miedo a formar una familia. Además, los animó a convertirse en protagonistas de la transformación social desde sus relaciones cotidianas y a testimoniar la fe también en el ámbito digital.
"La misión que os confío es precisamente ésta: que seáis humanos", afirmó. Frente a la indiferencia, la violencia o la mentira, el Papa les pidió ser "la chispa de una humanidad nueva", comprometida con la justicia, la verdad y el servicio a los más necesitados.
Madrid en silencio ante el Santísimo
Tras concluir el diálogo, León XIV firmó la Cruz de los Jóvenes elaborada para esta ocasión, instalada junto a una imagen de la Virgen de la Almudena. Poco después se retiró para revestirse antes de la adoración eucarística.
Mientras tanto, la música de Fito Robles, vocalista de Siloé, y del sacerdote Jaime Salmoreno acompañó la transición hacia el momento más recogido de la noche. A las 21:50 comenzó la adoración ante el Santísimo Sacramento. La lectura del Evangelio de la multiplicación de los panes y los peces dio paso a la meditación y a varios himnos eucarísticos, entre ellos la interpretación de "Tú, único Rey" por parte del grupo Hakuna.
La Plaza de Lima, abarrotada durante horas por cientos de miles de personas, quedó sumida en un silencio sobrecogedor. Al término de la oración, el Santo Padre impartió la bendición eucarística a los presentes y a quienes seguían el acto a través de los medios de comunicación.
La jornada concluyó con un espectáculo de fuegos artificiales al ritmo del himno oficial del Viaje, poniendo el broche final a una noche que muchos de los asistentes difícilmente olvidarán.
Un festival de la fe
La cita había comenzado horas antes con un gran festival musical bajo el lema "No es moda, es verdad". Desde las 16:30 horas, artistas como Lola Tuduri, DePol, Antonio José, Beret, Siloé o Ignacio Serrano fueron calentando el ambiente en una Plaza de Lima repleta de jóvenes llegados desde toda España.
Uno de los momentos más aplaudidos fue la interpretación de Samaritano, dirigida por Antonio Banderas y representada por el elenco del musical Godspell. La entrada procesional de la Virgen de la Almudena marcó el paso del festival a la oración, culminando una jornada que convirtió el centro de Madrid en un auténtico "festival de la fe".
CRÓNICA. Roberto Ledo, enviado especial
Fue emocionante la presencia de León XIV en Madrid. La vigilia, cuidadosamente planteada en su conjunto, fue conduciendo a los jóvenes —muchos de ellos acompañados por sus familias— desde la alegría de la música y el diálogo cercano con el Papa hasta el silencio profundo que propiciaba la oración ante el Santísimo.
El Santo Padre, recogido ante Jesús expuesto en la custodia, permaneció inmerso en una intensa oración de la que no se distrajo ni un instante. A su alrededor, todo contribuía a crear un clima de auténtico encuentro espiritual. La música, interpretada por jóvenes, coro y orquesta, fue ocupando su lugar en cada momento, sin estridencias y al servicio de la celebración.
Especialmente logrado resultó el escenario, presidido por grandes pantallas que reproducían obras de pintores clásicos con temática religiosa. Aquellas imágenes ayudaban a seguir la vigilia incluso desde los sectores más alejados o situados detrás del escenario, donde las pantallas eran prácticamente el único punto de referencia visual.
La organización funcionó con notable eficacia y Madrid respondió con generosidad. Tanto las autoridades como miles de vecinos se volcaron durante toda la tarde y la noche para acoger al Papa y a los cientos de miles de peregrinos llegados para participar en este encuentro.
El broche final llegó con varios minutos de fuegos artificiales lanzados tras el escenario, un espectáculo que engrandeció aún más una jornada ya de por sí memorable.
La capital española vivió una noche de fe, juventud y esperanza que difícilmente olvidarán quienes estuvieron presentes. Mañana espera otra jornada maratoniana para León XIV, pero la primera gran cita de su visita a España ya ha dejado una huella imborrable en Madrid.