Alfredo Conde, escritor y premio Alvite: “Pocos articulistas pueden compararse con José Luis en los últimos 50 años”
Alfredo Conde ha sido distinguido con el Premio José Luis Alvite que concede la Asociación de Periodistas de Galicia (APG). El escritor acumula casi 40 años publicando un artículo durante 352 días al año. A sus 81 años, asegura que “escribo todos los días” y concluye: “Posiblemente tenga escrito más en los periódicos que en los libros”.
Por eso le preguntamos qué tiene para él el artículo periodístico que no tenga la novela. “Una novela —según Flaubert— es la creación de un mundo. Decía que el novelista es un demiurgo que crea un mundo, lo habita y lo compone. El articulista puede hacer creer en el mundo que habita, denostarlo, alabarlo, hundirlo o hacer mil cosas que no tengan más justificación que la propia belleza del texto. Son dos mundos que no tienen mucho que ver entre sí. Uno puede ser un buen articulista y un pésimo novelista, y viceversa. Yo practico ambos géneros, que son distintos. Quizá por ser un grafómano confeso”, explica.
—Alfredo Conde, ¿escribir largo o escribir corto?
“Tengo novelas de extensión media y otras de cientos de páginas. Depende del tema, de los años y de la capacidad que desarrolles en cada ocasión. Estos días estoy iniciando la presentación de un libro de memorias y ya estoy empezando a escribir otro. Porque, si no, ¿qué hago aquí?”, concluye.
El articulismo, para Alfredo Conde, “puede ser un género literario”, aunque no cree en las etiquetas. “Abarca muchos aspectos y no sabe uno dónde encuadrarlo. Los artículos de opinión mantendrán viva la prensa impresa”, aventura. A su juicio, el periodismo en papel se sostendrá sobre artículos de circunstancias, temas relacionados con los jóvenes, la cultura y la economía. “Con estos cuatro pilares, y quizá con periodicidad semanal, seguirá la letra impresa”, señala. Y añade con una expresión gráfica: “Es condición del animal leer… en papel”. Confiesa, además, que es incapaz de enterarse de lo que lee en la pantalla del ordenador, aunque pase el día delante de ella.
Conde conoció a José Luis Alvite y su obra. Lo que más admiraba de él era “la imaginación, el sentido de la tolerancia, el goce de vivir… Era un gran escritor. Creo que pocos articulistas en el territorio peninsular, en los últimos 50 años, pueden compararse con él. Era una voz excepcional y única. Yo sentía y siento una gran admiración por él como articulista”.
Marino, político, escritor… De todas sus facetas, la que más le enseñó sobre el ser humano fue su etapa en el mar. “Navegué menos de lo que hubiera deseado, pero me influyó mucho. Hice muchas cosas porque me permitieron ser escritor toda la vida. Y cuando reflexiono sobre mi forma de ser, creo que se forjó en mi etapa de navegación: el sentido de la disciplina, de la inmensidad, de la relación con las personas… Eso me lo enseñó el mar”.
A la hora de escribir, ¿experiencia o imaginación? Para Conde, ambas son imprescindibles. “El escritor se nutre de su propia vida, de lo vivido, de lo escuchado, de lo leído e incluso de lo soñado. Son las fuentes de las que uno bebe. De las que más me han marcado, posiblemente, sean las horas de guardia en el puente de un barco, contemplando el horizonte. Ser profesor también me ayudó mucho… y la política. Todo el cúmulo de experiencias me ha servido para escribir. De ahí que tenga 20 novelas y que, aunque guarden relación, sean distintas”.
Entre otros galardones, Alfredo Conde ha recibido el Premio da Crítica de narrativa galega (1981 y 1984), el Premio Internacional Afundación de Periodismo Julio Camba (1983), el Premio Blanco Amor (1984), el Premio Nacional de Literatura (1986), el Grinzane Cavour Prize (1990), el Premio Nadal (1991) y la Medalla Castelao (2016). Le preguntamos si los reconocimientos cambian la forma de escribir. “Depende del individuo. Hay quien necesita el reconocimiento y quien lo elude. Yo soy de los primeros: me gusta que se reconozca mi trabajo. Pero cuando eso no sucede… Desde que gané el Nadal hasta hace dos o tres años no me sentía reconocido. Hubo años en los que daba más conferencias y presidía más jurados en Italia que en Galicia o en el resto de España. Es necesario que te reconozcan, porque escribir una novela no es una broma: requiere mucha dedicación y esfuerzo… aunque yo disfruto escribiéndola. Me gusta saber que es útil lo que hago”.
¿Escritor gallego o escritor español? Conde se define simplemente como escritor: “Soy gallego y creo que soy el escritor con más páginas escritas en gallego… de los actuales, seguro”.
Otra cuestión: ¿se lee menos o se lee peor? “Las cifras son claras. Hace dos o tres años, el 2% del PIB español correspondía al mundo del libro. En esa época se publicaban en España unos 80.000 títulos al año y en Francia, la mitad, unos 40.000. Sin embargo, en Francia el número de lectores era el triple. Hay muchos vicios heredados en la edición y hoy es más complicada. De la cantidad sale la calidad, por decantación. Pero si son demasiados…”. Y pone como ejemplo a Corín Tellado, que publicaba una novela cada 15 o 20 días y vendía 450.000 ejemplares, o a Marcial Lafuente Estefanía. “Que la gente lea está muy bien… Pero cuando pensamos que Pío Baroja vendía 500 ejemplares al año, te preguntas qué pasa. Se publica mucho, se edita mucho, pero hay vicios terribles”.
Conde coincide en que hoy hay más información pero menos pensamiento. “Victor Hugo decía que prefería la influencia al poder. En mi juventud, el papel del intelectual era influir en la sociedad, y los escritores influían mucho. Hoy quienes influyen son los llamados influencers… Es otro tipo de influencia, que homogeneiza demasiado”.
Lo que más le preocupa de la sociedad actual es “la polarización. No hay reflexión política”.
La ironía y la distancia, rasgos de sus artículos, reflejan su forma de ser. “La ironía se está perdiendo en Galicia. Siempre hemos sido muy irónicos… No sé si sigo siéndolo, pero me gustaría mantener ese tono que me hace disfrutar cuando lo escucho o lo leo”.
Para Conde, un buen articulista nace y se hace. “Algunos se hacen por insistencia, y prueba de ello es la cantidad de colaboraciones gratuitas que hay en los periódicos. Les interesa figurar, relacionarse… pero cuando eso se normaliza es un problema colectivo. ¿Qué están aportando? ¿Qué construyen?”.
Un articulista, añade, nunca debería “mentir, engañar ni dejar de ser coherente con su forma de pensar… El maximalismo no es bueno”.
Su vínculo con Galicia responde a una identidad que, a su juicio, se está perdiendo. “Teníamos una forma de ser, de pensar y de actuar… ¿Teníamos? Sí, porque en gran medida la hemos perdido”. Cita como ejemplo la desaparición de productos endógenos frente a otros importados o el declive del minifundismo, que permitió durante años la subsistencia de muchas economías familiares.
Aun así, considera que Galicia, aunque no siempre bien contada en la prensa, ha estado peor. “No tenemos una sociedad civil fuerte, asentada y comprometida con el país”. Y se pregunta por qué los pintores gallegos no tienen el mismo reconocimiento internacional que otros: “Eso es porque carecemos de una sociedad civil consciente de nuestra forma de habitar el mundo”.
Conde afirma que no hay tema gallego ni género que no haya abordado.
Respecto a Portugal, defiende la eurorregión galaico-miñota hasta Oporto. “Para mí, los portugueses del Miño son los gallegos del sur y nosotros, los portugueses del norte. Es una eurorregión absolutamente importante, que puede generar mucho. Yo creo en ese vínculo: somos la misma nación cultural, con un idioma que ha adoptado variantes pero que entendemos casi perfectamente. Creo en proyectos como este, como el Diario Luso-Galaico”.
Lo que más le desconcierta del mundo actual es la situación que vivimos. “Creo que soy un ser privilegiado. Nací en 1945 y he visto mejorar la sociedad en cada etapa de mi vida hasta prácticamente hoy. Ahora creo que está empeorando: la convivencia es otra, el mundo es otro… y quizá sea mi incapacidad para adaptarme a estos nuevos tiempos”. La música rítmica o la homogeneización de los grafitis le “desacougan”. “No me desconciertan porque puedo analizarlos, pero me quitan sosiego”.
Tras agradecerle el tiempo dedicado y señalar que se trata de un premio merecido, Conde matiza: “No sé si es merecido; lo que sí es, es grato”.