La verdad maleable de Acisclo Manzano

El escultor Acisclo Manzano explica su obra al presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, durante la inauguración de la exposición “Bosquexo para Mateo” en el Museo das Peregrinacións de Santiago.
Para Manzano, el barro, la madera o el bronce no son meros soportes; son vehículos que, convenientemente moldeados, alcanzan la expresión de una verdad profunda, convirtiéndose en creaciones conmovedoras y, sobre todo, perdurables.

La mano que esculpe no solo transforma la materia, sino que se transforma a sí misma en un proceso de aprendizaje infinito. El escultor orensano Acisclo Manzano es el ejemplo vivo de que, mientras se dibuja o se golpea el cincel, las manos adquieren una pericia que termina por adaptar el mundo objetivo a formas originales, a visiones que antes no existían. Para Manzano, el barro, la madera o el bronce no son meros soportes; son vehículos que, convenientemente moldeados, alcanzan la expresión de una verdad profunda, convirtiéndose en creaciones conmovedoras y, sobre todo, perdurables.

 

La obra de este artista trasciende lo físico para tocar el alma del espectador. A sus 86 años, su trayectoria se dibuja como un río, un Miño, lleno de meandros, con decisiones que han forjado una vida dedicada a la sensibilidad. Su producción es adaptativa, hija de distintos ambientes, de la admiración por los viajes y del descubrimiento constante de nuevos materiales. Acisclo Manzano es un descubridor de mundos, un generoso andariego que se expresa a través de bellezas sutiles. Comenzó su andadura con la madera, a veces protegida por pieles de plomo, para luego entregarse al barro gallego, a la arcilla ibicenca y al bronce, experimentando siempre hasta lograr una expresión que, siendo sencilla en su forma, resulta elevadísima en su fondo.

 

En su actual refugio creativo, que ha encontrado un eco sagrado en el Museo das Peregrinacións de Santiago, las figuras parecen surgir de la nada para invocar el asombro. Acisclo, como un alquimista de la forma, dialoga con el peregrino desde la Plaza de Platerías a través de su exposición “Bosquexo para Mateo”. Lo hace con la verdad desnuda de sus hallazgos, empleando un alfabeto de formas sensuales y sugestivas que rinden tributo al Maestro Mateo y a su Pórtico de la Gloria. Son piezas que, en su aparente simplicidad, esconden abismos que incitan a la imaginación. Todo en su universo es susceptible de ser maleado por quien sabe extraer lo inefable de la ductilidad del barro.

Conjunto de piezas de la muestra “Bosquexo para Mateo”, en las que Acisclo Manzano reinterpreta, desde el barro y la materia maleable, el legado del Maestro Mateo.

 

La muestra fue inaugurada este martes por Alfonso Rueda, presidente de la Xunta de Galicia, acto en el que participó una nutrida representación institucional y cultural, destacando la presencia del Presidente del Parlamento Miguel Santalices; José López Campos, conselleiro de Cultura, Lingua e Xuventude; y Anxo Lorenzo, director xeral de Cultura; Valentín García Gómez, Secretario Xeral de Política Lingüística. Entre los asistentes se encontraban alcaldes, galeristas, artistas, como Manuel Quintana Martelo, Presidente da Real Academia Galega  Belas Artes, Ramón Conde o Acisclo Novo, y representantes de fundaciones, como Carlos García-Suárez, Director General de la Fundación Laxeiro, empresarios y periodistas, quienes quisieron arropar este testimonio fiel de la capacidad humana para domar la materia.

 

En este sentido, Manzano se sitúa en la estirpe de los grandes, como el propio Maestro Mateo, o figuras de la talla de Eduardo Chillida o Jorge Oteiza. Bajo sus dedos, el barro deja de ser tierra para transformarse en un desafío a la naturaleza, incorporando una expresión genuina que es la huella de un solo ser, pero que resuena en la colectividad. Su figura se erige también como la de un provocador intelectual que busca empujar los límites de lo conocido. Sus obras reflejan un espíritu inquieto que escudriña y retuerce los gestos corpóreos hasta desvelar el alma oculta de la materia, haciendo visible lo invisible, una búsqueda que también definía la obra del escultor canario Martín Chirino.

 

Esa facultad para atrapar las sombras y darles una estructura física nos evoca la maestría del pintor y escultor hispano-suizo Jorge Castillo, mientras que su capacidad para humanizar rostros y volúmenes rivaliza con la delicadeza contemporánea del escultor catalán Jaume Plensa. El recorrido por la exposición, que permanecerá abierta hasta finales de junio en la emblemática Plaza de las Praterías, es un camino sensorial. Cada pieza invita no solo a mirar, sino a la reflexión profunda, casi a la oración, como sucede con su impresionante Cristo en el Museo Diocesano de San Martín Pinario. El Museo das Peregrinacións se transforma así en un santuario donde el legado de Acisclo Manzano brilla con certeza y humanidad, mostrando una evolución que camina con paso firme desde el expresionismo figurativo hacia la pureza de la abstracción. Manos de santo.