Un psiquiatra advierte en Pontevedra del riesgo de banalizar el impacto psicológico del aborto
El Salón de Conferencias del Ilustre Colegio de Médicos de Pontevedra acogió este miércoles la conferencia-coloquio “Aborto y salud integral de la mujer: evidencias, riesgos y oportunidades de prevención”, organizada por la Asociación Galega de Bioética (AGABI). El encuentro contó con la intervención del psiquiatra José Antonio Campos Pérez, quien abordó la relación entre aborto inducido y salud mental desde una perspectiva estrictamente clínica.
Durante su ponencia, el especialista defendió la necesidad de analizar esta cuestión alejada tanto de los enfoques ideológicos como de las simplificaciones habituales del debate público, y subrayó que la evidencia científica disponible muestra una realidad más compleja de lo que suele trasladarse al debate social.
Campos explicó que los estudios actuales no permiten afirmar que el aborto provoque una reacción psicológica uniforme en todas las mujeres, pero tampoco avalan presentarlo como un acontecimiento emocionalmente neutro. “No estamos ante un trauma universal, pero tampoco ante un acto psicológicamente inocuo”, señaló durante su intervención.
Según expuso, parte de la literatura científica identifica una asociación entre el aborto inducido y determinados problemas de salud mental, como depresión, ansiedad, consumo de sustancias, hospitalización psiquiátrica o intento de suicidio. No obstante, insistió en que estos datos deben interpretarse con prudencia y evitando conclusiones simplistas.
El psiquiatra puso especial énfasis en la existencia de factores de vulnerabilidad previos que pueden aumentar el riesgo de sufrimiento psicológico. Entre ellos mencionó la edad joven, antecedentes de enfermedad mental, ambivalencia ante la decisión, presión externa, falta de apoyo social o la vivencia del aborto como una pérdida significativa.
“La verdadera pregunta clínica no es si todas las mujeres van a sufrir secuelas, sino qué mujeres llegan a este acontecimiento en una situación de mayor vulnerabilidad”, afirmó.
Uno de los aspectos que centró su exposición fue lo que describió como un posible “punto ciego clínico”: el malestar psicológico que puede quedar sin registrar porque no siempre se explora en la consulta médica. En este sentido, defendió que los profesionales sanitarios deberían preguntar de forma explícita por la historia reproductiva y por el significado subjetivo que la mujer atribuye a la experiencia.
“Lo que no se pregunta, no se encuentra”, resumió.
Campos también abordó la dimensión relacional del aborto, recordando que no se trata únicamente de un hecho individual, sino de una experiencia que suele producirse en un contexto afectivo concreto. En este marco mencionó el papel del padre o de la pareja, que puede actuar como apoyo, fuente de presión, ausencia o conflicto.
Como conclusión, el especialista defendió la necesidad de un abordaje médico más preciso y humano, que evite tanto la dramatización automática como la trivialización de la experiencia.
“La obligación del clínico no es imponer una lectura ideológica, sino mirar mejor, preguntar mejor y acompañar mejor”, afirmó.
Campos cerró su intervención con una reflexión dirigida a la práctica clínica: “No se trata de exagerar. Se trata, sencillamente, de no banalizar”.