El Mugart de Artes, el grabado de un horizonte atlántico

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El ya miembro de la Real Academia Gallega de Bellas Artes Javier Expósito, un generoso polímita, triunfador en el mundo marítimo y de la abogacía, coleccionista y propietario

Artes se asienta con la solidez de las granodioritas hercínicas en la ladera oeste que dibujan los montes de San Alberte y A Cidá, últimas estribaciones de una sierra del Barbanza, que aquí se rinde ante la inmensidad del Atlántico. Es un mirador privilegiado, un balcón natural donde la geografía gallega se vuelve abierta y rotunda, expuesta a los vientos nobles y a esas lluvias que alimentan un paisaje de verdes profundos y azules salitres. Ante la mirada se despliega el espectáculo de un horizonte oceánico y arenoso, definido por el complejo de Corrubedo y las lagunas de Carregal y Vixán, donde la duna activa de los Montes da Area custodia un ecosistema de marismas y canales mareales que son puro latido geológico.

 

En este rincón de Ribeira, el clima oceánico hiperhúmedo se matiza con la luz de un sol yodado que baña el curso del río de Artes -llamado Sanchanás o Río Grande por los vecinos-, el cual serpentea desde A Coruta hasta entregar sus aguas dulces a la salobre quietud de O Carregal. Es un escenario propicio para conjugar las artes de pesca, que son el sustento y la historia de estas costas, con las artes plásticas más elevadas. Aquí, en esta parroquia de naturaleza desbordante, el milagro cotidiano de la luz y el paisaje se hace prodigioso museo -MUGART-, cristalizando en uno de los mejores centros dedicados al grabado que puedan existir, donde la huella del hombre dialoga con la impronta eterna de la tierra y el mar. Un portentoso asombro inunda al visitante ante un hito digno de una gran capital mundial.

La institución custodia fondos que abarcan desde los grandes maestros del grabado antiguo hasta las expresiones más audaces de la estampa contemporánea. En ese hoy ya oasis de la cultura han elegido convivir Rembrandt con Rubens, Durero con Goya, Picasso con Dalí, en una conjugación perfecta de líneas, cromatismos, miles de libros y matrices, de las que también participan pintores gallegos como Colmeiro, Quessada, Lodeiro o Quintana Martelo. Todo se integran en un marco armonioso de singular arquitectura, donde se suceden cuatro plantas y tres salas de exposiciones, en este momento iluminadas por la impresionante obra gráfica del propio Lodeiro, los Relatos do habitado de Rosa García, o el oportuno Viacrucis e 15 testemuñas del fotógrafo Xulio Gil. El complejo cuenta además con dos bibliotecas y unos almacenes que, exiguos ya ante la magnitud del tesoro que protegen, resultan necesariamente provisionales.

 

Todo este universo permanece en pie gracias a la voluntad incombustible de la iniciativa privada, un hecho insólito dada la trascendencia y la universalidad de lo conseguido. En Artes, la aldea se hace verdaderamente global; el arte se pluraliza y reclama, por derecho propio, un mayor compromiso público de proximidad para una obra que es demandada de forma recurrente desde China, Estados Unidos, México o Alemania. Es una realidad incontestable: nadie aglutina tantas piezas -grabados, litografía, xilografía, huecograbado, fotograbado, fototipia, etc.-, sumando más de 40.000 piezas; tantos artistas, más de 400; ni concibe y mueve tantas muestras, supera las 130 desde la creación del centro en 2001, ni con tanta excelencia, y todo partiendo del corazón mismo de Galicia.

 

El ya miembro de la Real Academia Gallega de Bellas Artes Javier Expósito, un generoso polímita, triunfador en el mundo marítimo y de la abogacía, coleccionista y propietario; su esposa Pilar; sus socios; y el director del centro, Xoán Pastor Rodríguez Santamaría, reciben cada año a unos 8.000 visitantes a los que regalan el testimonio vivo de un compromiso firme con el arte elevado, el conocimiento y el amor por la técnica y la vocación de quienes saben proyectar un legado que se hará más fundamental con los años. Además promueven cursos de grabado con entidades públicas y privadas, y mantienen viva la Fundación Museo de Artes.

 

El coleccionismo que sustenta esta realidad se gestó hace ya más de cincuenta años y desembocó en la creación del Museo de Artes do Gravado á Estampa Dixital, un hito que trasciende el compromiso con lo local, homenaje a una madre, la de Javier Expóstio, y a una raíz, una pequeña aldea costera, para situarse en la vanguardia cultural. Concebido como un espacio contemporáneo, vivo y dinámico, no es solo un archivo de papel y tinta, sino la primera institución de estas características en España, un orgullo que demuestra la relevancia de descentralizar la excelencia artística. Incardinar un centro de esta magnitud en el mundo rural no es un capricho, sino una declaración de principios: la cultura debe respirar allí donde la tierra es auténtica, permitiendo que el legado de la estampa digital y el grabado tradicional dialoguen en un entorno de sosiego y reflexión.

 

El arte no entiende de fronteras geográficas, sino de voluntades compartidas y de una sensibilidad capaz de valorar la huella, el surco y la luz. Al final, el Museo de Artes do Gravado á Estampa Dixital se erige como un faro necesario en el paisaje cultural gallego, recordándonos que la belleza técnica y la inspiración creativa encuentran su mejor hogar en la quietud de un lugar mínimo, allí donde cada obra puede ser contemplada con la pausa que la verdadera maestría requiere.