Cangas salda su deuda con Ignacio Cerviño con un recanto en su memoria y revive la tradición de las Tres Gracias
Cangas vivió el pasado viernes una jornada de profundo simbolismo cultural y religioso en la que se entrelazaron memoria, identidad y tradición. Por un lado, la inauguración del “Recanto de Ignacio Cerviño Quinteiro, escultor” sirvió para reconocer la huella imborrable de uno de los grandes artistas vinculados a la villa. Por otro, la celebración de la festividad de las Tres Gracias volvió a reunir a los fieles en torno a una devoción centenaria que anuncia la inminente llegada de la Semana Santa.
El homenaje a Cerviño tuvo lugar en la plazoleta de la Casa de Barbicas, en el entorno de las calles Santiago y Benigno Soage. Representantes de la corporación municipal, junto a entidades culturales y religiosas, participaron en un acto cargado de emoción en el que se descubrió la placa que da nombre al nuevo espacio. La ceremonia, acompañada por gaitas, panderetas y tambores, reunió a vecinos y autoridades en un ambiente festivo que puso de relieve el sentir colectivo de justicia histórica hacia el escultor.
Natural de Aguasantas (Cotobade), Ignacio Cerviño dejó en Cangas un legado artístico excepcional que abarca tanto el ámbito civil como el religioso. Entre sus obras más destacadas figura el Cruceiro del Cristo de la Luz, en el atrio de la iglesia de Hío, así como el Panteón de los Ranqueta, su vivienda en la calle Real o la fuente de Santiago, conocida popularmente como “del Caballo”. También forman parte de su legado el conjunto del peto de ánimas y el cruceiro de la Magdalena.
Sin embargo, su contribución más significativa se encuentra en la imaginería religiosa local. Cerviño es autor de numerosas tallas que aún hoy protagonizan la Semana Santa canguesa, como las representaciones de Cristo Nazareno, Redentor y el Cristo en el Calvario, además del grupo de la Santa Cena, San Juan, las Santas Mujeres y la Verónica. A estas se suman figuras de gran expresividad como el Cireneo, el centurión Carnacedo, el niño Francisquiño y la urna del Santo Entierro.
La iniciativa para este reconocimiento partió de la Cofradía de la Misericordia–Gremio de Mareantes, que desde hacía años reclamaba un homenaje público al escultor. Con el impulso de la Fundación Casa-Museo A Mangallona, presidida por Camilo Camaño, y el respaldo de estudiosos como Anxo Coia y Estanislao Fernández de la Cigoña, la propuesta fue aprobada por unanimidad en el pleno municipal del 3 de agosto de 2024.
El emplazamiento elegido no es casual: el entorno de la excolegiata fue el centro de actividad de Cerviño, donde residió, trabajó y dejó buena parte de su obra. El término “recanto”, además, refuerza el carácter íntimo y recogido del espacio, concebido como lugar de memoria y homenaje permanente.
La jornada continuó con otro de los momentos destacados del calendario religioso local: la festividad de las Tres Gracias, considerada la antesala espiritual de la Semana Santa de Cangas. Celebrada cada primer viernes de marzo, esta tradición profundamente arraigada convoca a numerosos fieles en la excolegial iglesia de Santiago.
Los actos comenzaron a las 19:00 horas con el rezo del Vía Crucis, en el que se rememora el camino de Cristo hacia el Calvario. Durante este recorrido simbólico, un miembro de la Cofradía porta la imagen del Cristo de Difuntos y Ánimas, una de las primeras piezas adquiridas por la hermandad tras su fundación en 1709.
Media hora más tarde tuvo lugar una misa solemne acompañada por la Coral Polifónica Lestonnac, que aportó un especial realce musical a la liturgia. Al finalizar, los asistentes participaron en el tradicional besamanos del bordón del Nazareno, una talla articulada realizada por Cerviño en 1877. Esta práctica sustituye al habitual besapiés para preservar el estado de conservación de la imagen.
La devoción de las Tres Gracias se basa en la tradición de formular tres peticiones a Jesús Nazareno —generalmente relacionadas con la salud, el trabajo y la protección espiritual—, con la creencia popular de que al menos una será concedida. Este simbolismo evoca las tres caídas de Cristo en su camino al Calvario y refuerza el carácter penitencial de la celebración, enmarcada en el tiempo de Cuaresma.
Así, entre el reconocimiento a su patrimonio artístico y la vivencia de sus tradiciones religiosas, Cangas reafirma su identidad colectiva, manteniendo vivo el legado de figuras como Ignacio Cerviño y el fervor popular que define su Semana Santa.