Juan Ada, gerente de Doa Saúde Mental: “Los recursos han crecido, pero la sociedad cada vez demanda más”

Juan Antonio Ada, gerente de Doa Saúde Mental, interviene durante la entrevista junto a Marcos Mallo, director técnico de la entidad, para abordar los retos de la atención comunitaria y la creciente demanda en salud mental.
La entidad viguesa, nacida en 1987 por la inquietud de un grupo de familias, atiende hoy a personas con trastorno mental severo, impulsa programas comunitarios y prepara la apertura de un nuevo centro en Vigo para responder a una demanda creciente.

Desde 1987, Doa Salud Mental trabaja en Vigo para acompañar a personas con problemas de salud mental y a sus familias. Lo que nació de la preocupación de unos padres por el bienestar de sus hijos se ha convertido, casi cuatro décadas después, en una entidad de referencia en el área sanitaria viguesa.

La asociación cuenta actualmente con una plantilla de 23 profesionales, siete viviendas protegidas y tres centros de atención: dos en Vigo y uno en Cangas. Y el crecimiento continúa. “Estamos planificando la apertura de un nuevo centro en la ciudad de Vigo”, adelanta su gerente, Juan Manuel Ada Vázquez.

En el centro de Romil, buena parte de las personas atendidas llegan derivadas por el Sergas con diagnósticos de trastorno mental severo, especialmente esquizofrenia, trastorno bipolar y algunos trastornos de personalidad. Esta atención representa alrededor del 35 % del trabajo del centro. A ella se suman otros programas dirigidos a personas con depresión, ansiedad u otras dificultades emocionales.

“No son nuestra población diana principal, pero intentamos llegar también a ellas a través de distintos programas”, explica Marcos Mallo, director técnico de Doa Salud Mental.

Una sociedad con peor salud mental tras la pandemia

Mallo sostiene que desde la pandemia se percibe un deterioro general del bienestar emocional. “La población tiene menos salud mental”, afirma.

A su juicio, esta situación forma parte de una crisis más amplia de la salud pública. La psiquiatría y la atención psicológica nunca han contado con recursos suficientes y, en el contexto actual, la necesidad se ha multiplicado.

“Hay que llegar mucho más rápido y a mucha más gente de lo que históricamente se ha hecho”, advierte.

Juan Manuel Ada coincide en que el debate sobre salud mental ha cambiado. Antes se hablaba casi exclusivamente de enfermedad mental asociada a trastornos graves y crónicos. Hoy el concepto se ha ampliado y abarca prevención del suicidio, bienestar emocional de los jóvenes, ansiedad, trastornos de la conducta alimentaria o violencia emocional.

Marcos Mallo, director técnico de Doa Saúde Mental, y Juan Antonio Ada, gerente de la entidad, durante la entrevista concedida a Diario Luso-Galaico.

“Hemos pasado de hablar solo de enfermedad mental a hablar de salud mental en un sentido mucho más amplio”, señala.

Jóvenes, suicidio y menor tolerancia a la frustración

Uno de los ámbitos que más preocupa a la entidad es la salud mental de la población joven. Mallo observa que las nuevas generaciones muestran, en muchos casos, una menor capacidad para afrontar retos, frustraciones o situaciones adversas.

Reconocer que algo no va bien y llegar a formular un “necesito ayuda” puede marcar el inicio de la recuperación. 

Esa vulnerabilidad se refleja también en los datos de suicidio, que aumentaron en los últimos años. Los programas de intervención han contribuido a estabilizar las cifras recientemente, pero la situación sigue siendo grave.

“Los datos continúan siendo muy alarmantes, especialmente en la población infantojuvenil y adolescente”, afirma.

Para el director técnico de Doa, el autoconocimiento es una herramienta clave. Reconocer que algo no va bien y llegar a formular un “necesito ayuda” puede marcar el inicio de la recuperación. Cuando esa identificación no se produce, el entorno cercano cumple un papel fundamental para detectar señales de alarma.

El estigma, una barrera que retrasa la ayuda

La percepción social de la salud mental ha mejorado, pero el estigma no ha desaparecido. Ada considera que la mayor visibilidad de problemas como la ansiedad, la bulimia o la depresión ha contribuido a normalizar la atención psicológica y psiquiátrica. Sin embargo, determinados diagnósticos siguen cargando con prejuicios muy dañinos.

Los medios de comunicación en ocasiones han contribuido a reforzar imágenes distorsionadas al vincular determinados sucesos a problemas de salud mental sin el rigor necesario.

La esquizofrenia, por ejemplo, continúa asociándose injustamente a la agresividad. Ada desmonta esa idea desde su propia experiencia: en 20 años de trabajo en la entidad asegura no haber vivido ningún episodio de violencia con las personas atendidas.

Mallo apunta también al papel de los medios de comunicación, que en ocasiones han contribuido a reforzar imágenes distorsionadas al vincular determinados sucesos a problemas de salud mental sin el rigor necesario.

Ese rechazo social tiene consecuencias directas en la recuperación. “El primer paso es reconocer que algo está pasando y pedir ayuda. El estigma hace que esa identificación sea mucho más difícil”, explica Mallo.

A ello se suman el miedo al qué dirán, la vergüenza o la culpa. En localidades pequeñas, añade Ada, también pesan los comentarios del entorno, especialmente cuando existen antecedentes de consumo de drogas u otras sustancias.

“Todos somos vulnerables”

Doa Salud Mental insiste en una idea: nadie está libre de sufrir un problema de salud mental.

“Los problemas pueden aparecer por el estilo de vida, por el estrés laboral, académico o familiar. Todos somos vulnerables”, recuerda Mallo.

A veces, explica, el cuerpo y la mente simplemente llegan al límite. “El cuerpo dice basta y escapa por donde puede”, resume. Esa respuesta puede expresarse en forma de síntomas físicos, emocionales o psicológicos.

La familia, parte esencial del proceso

La recuperación no afecta solo a la persona diagnosticada. También implica a la familia, que atraviesa su propio proceso de incertidumbre, miedo y aprendizaje.

Al principio suelen aparecer las preguntas: qué está pasando, por qué ha ocurrido, qué se ha hecho mal. Después llega la necesidad de comprender el diagnóstico, adquirir herramientas y aprender a acompañar sin sustituir la autonomía de la persona.

En Doa Salud Mental trabajan con terapias de grupo para familias, con contenidos específicos sobre comunicación, resolución de problemas, recursos sociales y manejo de situaciones difíciles.

En Doa Salud Mental trabajan con terapias de grupo para familias, con contenidos específicos sobre comunicación, resolución de problemas, recursos sociales y manejo de situaciones difíciles. También ofrecen orientación individual.

“A veces hay que entrenar ciertas habilidades para conseguir el objetivo”, señala Mallo.

Ada destaca especialmente el valor de la ayuda mutua. Compartir experiencias con otras familias que llevan años cuidando puede resultar liberador. “Saber que alguien ha sentido lo mismo que tú y cómo lo ha afrontado aporta una visión que ayuda mucho”, explica.

Recuperación en comunidad

La rehabilitación psicosocial no puede limitarse al despacho o al centro terapéutico. Para Doa, la integración comunitaria es una parte esencial del proceso.

La entidad trabaja para que las personas participen en asociaciones vecinales, gimnasios, equipos deportivos u otros espacios normalizados de ocio y convivencia.

“La filosofía de la recuperación tiene que ser social y comunitaria”, defiende Mallo.

El cambio respecto al pasado es enorme. Hace décadas predominaba una visión manicomial: apartar a quien sufría un problema de salud mental. Hoy el objetivo es acompañar, integrar y favorecer proyectos de vida autónomos.

“Necesitamos una sociedad más comprensiva y más preparada, y ayudar a las personas a desarrollarse personalmente, también en sus inquietudes, su ocio y, cuando sea posible, en la reinserción laboral”, añade.

Viviendas protegidas para ganar autonomía

Doa cuenta actualmente con viviendas protegidas que suman 34 plazas en la provincia de Pontevedra. El objetivo es que las personas residentes adquieran hábitos de autonomía y puedan avanzar hacia una vida normalizada en un entorno urbano.

“Buscamos que puedan vivir como cualquier otra persona, con los apoyos necesarios, pero ganando independencia”, explica Ada.

La entidad trabaja también en nuevos proyectos. Con el reciente contrato de plazas de rehabilitación psicosocial con el Sergas, Doa ha crecido en 19 plazas y busca un local para abrir otro centro en Vigo.

En el ámbito residencial, el alcalde de Vigo se comprometió a la cesión de terrenos para una futura residencia de Doa. El Concello de Vigo espera que puedan implicarse también la Diputación y la Xunta de Galicia.

Más recursos para una demanda creciente

Aunque los recursos en salud mental han aumentado en los últimos años, la demanda social crece todavía más rápido. Ada apunta a nuevas necesidades como la prevención del suicidio, los grupos de posvención o la atención a jóvenes.

“El Sergas exige tratamientos cada vez más especializados, pero llegar a todo es casi imposible con los recursos actuales”, advierte.

Tanto Ada como Mallo coinciden en que serían necesarios más medios para desarrollar nuevos programas, especialmente teniendo en cuenta que Doa es una organización sin ánimo de lucro.

Departamento de Infografía DL-G.

La financiación del Sergas supone alrededor del 65 % de su presupuesto y permite sostener varios programas y mantener la plantilla. El resto procede de subvenciones, cada vez más disputadas, y de las aportaciones de socios. Doa cuenta con unas 380 personas asociadas, que colaboran con una cuota de 7,50 euros mensuales.

“Cuando queremos lanzar programas nuevos, es difícil”, reconoce Ada.

Cooperación y futuro

Doa trabaja en el área metropolitana de Vigo y comparte ámbito de intervención con otras entidades como Lenda, en Redondela, o Avelaíña. Además, participa en programas de cooperación con Portugal junto a entidades lusas y españolas para promover proyectos colaborativos y acceder a financiación europea.

El mensaje final de Marcos Mallo es directo: “Hay que cuidar la salud mental”.

De cara al futuro, la entidad tiene claro su objetivo: crecer para atender a más población y responder a las nuevas demandas vinculadas a la ansiedad, la prevención del suicidio, la atención a jóvenes y la recuperación comunitaria.

El mensaje final de Marcos Mallo es directo: “Hay que cuidar la salud mental”.

Porque, recuerda, nadie está exento. “Uno puede pensar que nunca le va a pasar, y cuando se da cuenta ya está con sintomatología y dificultades”.

Juan Manuel Ada, por su parte, apela a la colaboración ciudadana. Participar en la campaña de la Renta, hacerse socio o apoyar directamente a entidades locales como Doa puede marcar la diferencia.

La salud mental, insisten ambos, no es una cuestión ajena. Es una responsabilidad compartida.