Los mayores de Guillade ya lo sabían: la memoria que condujo hasta Santa Locaia

En "Mil años después, la comunidad continúa", junto a la referencia a la música, el Centro Cultural y el asociacionismo. Es importante porque abre el reportaje desde lo religioso hacia la cultura popular contemporánea.
Mucho antes de que la arqueología volviese sobre las ruinas, los vecinos de más edad conservaban el recuerdo de que cerca de A Vigaira había existido un templo y un antiguo lugar de enterramiento. Una historia transmitida durante generaciones terminó convirtiéndose en una valiosa pista para recuperar una parte del pasado de Guillade.

Hay patrimonios que aparecen bajo la tierra. Y hay otros que, antes de ser descubiertos, permanecen durante generaciones en la memoria de la gente.

En Guillade, parroquia de Ponteareas, los mayores llevaban décadas señalando un lugar próximo al barrio de A Vigaira donde, según habían escuchado a sus antepasados, se encontraban los restos de un antiguo templo. También se hablaba de enterramientos vinculados a las primeras comunidades de la parroquia.

Restos de Santa Locaia entre la vegetación, testimonio material de un enclave cuyo recuerdo permaneció durante generaciones en la memoria oral de los vecinos.

No conocían fechas, estilos arquitectónicos ni podían reconstruir la historia del edificio. Pero guardaban un dato esencial: sabían dónde mirar.

Cuando las ruinas de Santa Locaia volvieron a despertar el interés de los investigadores, aquellas historias transmitidas de padres a hijos dejaron de ser únicamente recuerdos vecinales. La tradición oral se había convertido en una pista.

Y ahí comienza una de las historias más sugerentes del patrimonio de Guillade: la arqueología no empezó solamente con una excavación. Empezó también con una memoria.

Una iglesia vinculada a la propia comunidad

Santa Locaia conduce hacia los orígenes medievales de Guillade.

La parroquia aparece documentada ya en el siglo X, cuando una referencia menciona la domus Sancta Leocadia. Las investigaciones sobre el enclave apuntan además a una circunstancia especialmente interesante: la construcción del primitivo templo habría estado relacionada con los propios habitantes de la comunidad, los homines de Guillade.

Iglesia parroquial de Guillade, uno de los principales referentes del patrimonio religioso de una comunidad cuya historia documentada se remonta a la Edad Media.

El dato permite observar aquella Galicia medieval desde una perspectiva diferente.

Frente a una historia frecuentemente construida alrededor de monasterios, nobleza, jerarquías eclesiásticas y grandes propietarios, Santa Locaia dirige la mirada hacia las personas que habitaban el territorio, trabajaban sus tierras y se organizaban como comunidad.

De ser correcta esa interpretación, detrás del antiguo templo no estaría únicamente una institución o un poder señorial. Estaría también la propia gente de Guillade.

Y resulta difícil no establecer un vínculo con lo sucedido siglos después: fueron nuevamente sus habitantes quienes conservaron la memoria del lugar cuando las piedras apenas permitían reconocer lo que allí había existido.

A Vigaira, el lugar que los mayores no olvidaron

Durante generaciones, el recuerdo sobrevivió a las ruinas.

Los vecinos más veteranos seguían hablando de un templo antiguo próximo a A Vigaira y de un espacio relacionado con los muertos de la comunidad. El paisaje había cambiado y las estructuras habían desaparecido prácticamente de la vista, pero la referencia permanecía en las conversaciones familiares.

La imagen de la Virxe das Angustias recorre Guillade acompañada por los vecinos, en otra de las manifestaciones de religiosidad y tradición que conserva la parroquia.

Ese conocimiento transmitido oralmente ayudó a orientar las investigaciones posteriores.

Los vecinos, por tanto, no fueron simples espectadores de un descubrimiento realizado desde fuera. Su memoria formó parte del proceso de recuperación de Santa Locaia.

Lo que durante años podía parecer una vieja historia difícil de demostrar adquirió valor cuando investigadores y territorio comenzaron a formular las mismas preguntas.

En 2025, nuevas excavaciones realizadas en la zona dentro de una iniciativa vinculada a la Universidade de Santiago de Compostela volvieron a situar Santa Locaia en primer plano. El texto disponible no concreta los hallazgos ni la dirección científica de aquellos trabajos, por lo que resulta prudente no ir más allá, pero sí permite establecer algo significativo: la recuperación arqueológica devolvió actualidad a una memoria que la parroquia nunca había perdido del todo.

Mil años después, la comunidad continúa

Santa Locaia explica una parte del pasado de Guillade, pero la historia de la parroquia no termina entre las ruinas.

Hoy cuenta con 449 habitantes distribuidos en quince lugares, en un territorio donde montes, caminos y pequeños cursos de agua continúan definiendo buena parte del paisaje. El río Uma atraviesa la zona y regatos como el de Ponte Xil completan una geografía marcada también por los montes comunales.

 La devoción popular continúa formando parte de la identidad de Guillade, con celebraciones religiosas que reúnen a los vecinos y mantienen vivas tradiciones transmitidas entre generaciones.

Pero quizá la continuidad más interesante no esté únicamente en el territorio, sino en la manera de construir comunidad.

La Escola de Música, el Centro Cultural, el Serán de Guillade y la actividad asociativa de O Pomar muestran una parroquia que no se limita a conservar lo recibido. Sigue generando cultura y creando una nueva memoria colectiva.

La comparación resulta inevitable.

Hace más de mil años, los habitantes de Guillade aparecen relacionados con la creación de un templo. En el siglo XXI, otras generaciones continúan organizándose alrededor de la música, las tradiciones, los espacios comunes y la defensa de su patrimonio.

Los tiempos son completamente distintos, pero permanece una idea: Guillade continúa construyéndose desde su propia gente.

Un patrimonio que también puede desaparecer

La memoria, sin embargo, no es indestructible.

Guillade comparte algunos de los problemas de muchas parroquias rurales gallegas: envejecimiento de la población, abandono de tierras, riesgo de incendios, necesidades en vías y servicios y dificultades para conservar un patrimonio que, en ocasiones, ni siquiera resulta visible sobre el terreno.

La transformación de los espacios tradicionales demuestra además que aquello que durante generaciones pareció inseparable del paisaje puede desaparecer en muy poco tiempo.

Por eso Santa Locaia representa bastante más que una excavación arqueológica.

Representa también una advertencia sobre el valor de escuchar a quienes conservan la memoria de los lugares.

Los mayores recordaban. Los investigadores buscaron. La tierra guardaba las respuestas.

Cuando esas tres piezas coincidieron, volvió a emerger una parte de la historia de Guillade que llevaba siglos escondida.

Quizá ahí se encuentre la gran enseñanza de Santa Locaia: el patrimonio no siempre comienza en un documento, un archivo o una excavación. A veces empieza con una persona mayor señalando un lugar y diciendo que allí, hace mucho tiempo, había algo.

En Guillade, aquel recuerdo condujo hasta Santa Locaia.

Ahora el desafío es conseguir que la memoria que ayudó a encontrarla no vuelva a quedar enterrada

Restos de Santa Locaia entre la vegetación, testimonio material de un enclave cuyo recuerdo permaneció durante generaciones en la memoria oral de los vecinos.