"Tras 23 años sufriendo por las drogas, con el tratamiento descansé": de la adicción a ayudar a otros a recuperarse

Departamento de Infografía DL-G.
Juan Miguel convirtió una historia marcada por la cocaína, una recaída y dos procesos terapéuticos en una nueva vida. Hoy acompaña a otras personas desde Esvidas Antequera y advierte de que dejar de consumir es solo una parte de la recuperación.

Durante años creyó que el problema era la cocaína. Después descubrió que la sustancia era solo la parte más visible de algo mucho más profundo. La historia de Juan Miguel, actual director terapéutico de Esvidas Antequera, atraviesa 23 años de sufrimiento, un primer tratamiento, una recaída y una segunda oportunidad que terminó cambiando no solo su vida, sino también su profesión.

"Fue una de las mejores decisiones de mi vida: dar el paso, decir que tenía un problema y que necesitaba ayuda", recuerda al hablar de aquel momento en el que decidió iniciar el tratamiento.

Cuando la familia ve antes el problema

La adicción había ido ocupando cada vez más espacio. Su familia fue consciente del deterioro antes que él mismo. Juan Miguel quería ejercer como padre, pero reconoce que no podía estar realmente presente porque el consumo había terminado condicionando su vida.

El ingreso supuso un corte radical con aquella dinámica. "Tras todos esos años de sufrimiento... con el tratamiento descansé", explica. Recuperó rutinas y estructura y consiguió detener el consumo. Pero con el tiempo comprendió que aquello, siendo decisivo, no había resuelto todo el problema.

La cocaína era solo la parte visible

"No me gustaba estar solo conmigo mismo". Esa confesión permite entender buena parte de su relato.

Juan Miguel describe una vida sostenida mediante diferentes apoyos externos: personas, relaciones, actividad constante o la propia sustancia. "Siempre necesitaba tener una muletilla: era la sustancia, eran las personas o eran las relaciones", reconoce.

Desde Esvidas sostienen precisamente que el consumo puede ser la manifestación visible de problemas que permanecen debajo. José Manuel Zaldúa, psicólogo, socio fundador y director de la entidad, señala que la forma de escapar puede cambiar si no se trabaja la raíz del problema.

Una recaída que comenzó antes de volver a consumir

Uno de los aspectos más reveladores del testimonio de Juan Miguel es cómo interpreta hoy su recaída. Para él, no comenzó el día que volvió a consumir.

Había empezado antes.

Alejarse del grupo, dejar de hablar, romper el vínculo con la terapia y volver a pensar que podía salir adelante solo fueron señales que, vistas retrospectivamente, anticipaban lo que iba a ocurrir. "Mi mente me vendía que podía solo otra vez", admite.

Finalmente volvió a consumir. "Recaí en un pozo sin fondo que creía que no iba a tocar", recuerda. Regresar al tratamiento significó asumir nuevamente que había perdido el control, pero esta vez decidió afrontar el proceso de otra manera.

"Ahí fue cuando hablé de verdad"

Esa frase resume para Juan Miguel la diferencia entre sus dos procesos. En el primero consiguió detener el consumo; en el segundo comenzó a abordar aquello que había permanecido oculto.

"Todo lo que no había sanado me estaba reviviendo por dos", afirma. Su experiencia le llevó a entender la recuperación como un trabajo continuado en el que resultan fundamentales el vínculo y la honestidad.

La historia ha terminado cerrando un círculo. Antequera es el lugar donde nació y vivió parte de sus años de consumo. Ahora trabaja allí acompañando a personas y familias que afrontan situaciones que él conoce desde dentro.

"Lo que antes soñé, hoy lo logré", resume.

Y para quienes todavía saben que tienen un problema pero no consiguen pedir ayuda, deja un mensaje sencillo y contundente: buscar a la persona en quien más confíen y pedirle que les ayude a salir de esa situación. A las familias les reclama algo igualmente importante: que no miren hacia otro lado.